Sobre redes sociales y el origen de la Burbuja Filtro
Durante una época de mi vida tuve la suerte de vivir en un campus universitario de la Coste Este de Estados Unidos. Ya te lo imaginas: vetustos edificios de ladrillo rojo con nombres de premios Nobel; césped aquí y allá con la chavalería entre freesbees y libros; casas de fraternidades con nombres de letra griega… Un micro universo autocontenido de estudiantes y profesorado internacional, una cadena trófica que funcionaba a la perfección. Salvo escapadas esporádicas a los destinos turísticos de turno, mi realidad durante dos años fue esa.
Fue en ese entorno donde se me ocurrió la idea para un relato corto de ciencia-ficción: una sociedad en la que una parte de sus individuos vivían en una burbuja de condiciones perfectas, individuos que tomaban sus decisiones en base única y exclusivamente a lo que veían, escuchaban y experimentaban dentro de esa burbuja. ¿A que no sabes cómo acaba? El caso es que en aquel momento no existía el concepto ‘Burbuja Filtro’, acuñado posteriormente por Eli Pariser, un activista empeñado en hacer que la tecnología y los medios sirvan a la democracia.
En su paper de 2016, Pariser identifica esos ‘Filtros Burbuja’ como nuestro personal y único universo de información, creados a partir de una serie de algoritmos que deciden qué vemos en base a una retroalimentación constante por nuestra parte. La idea es hoy una consabida realidad: las redes sociales priorizan aquello que consideran relevante para cada usuario, pero al hacerlo reducen el contacto con ideas nuevas, incómodas o discrepantes. Además, priorizan contenido polémico y polarizante porque nada mejor que las emociones extremas para viralizar algo. Esto hoy lo damos ya por sentado. Es el sesgo de confirmación dopado con algoritmos. Lo interesante viene ahora.
¿Y si la tecnología solo amplifica nuestras tendencias?
En 2025 se publica un metaestudio con el amigable título de A systematic review of echo chamber research: comparative analysis of conceptualizations, operationalizations, and varying outcomes. Vaya, lo que viene siendo poner todo lo que se ha investigado sobre los ‘Filtros Burbuja’ o ‘Cámaras de resonancia’ en redes y ver qué conclusiones salen de ahí.
Te lo resumo: aunque sí está demostrada la existencia de estos filtros, hay dudas sobre si su origen está en la propia tecnología o en las decisiones de los usuarios, y se concede un peso importante a estas últimas. Por otro lado, de los 129 estudios analizados, un pequeño porcentaje —26 de ellos— «aportan poco o ningún respaldo a la hipótesis de la cámara de eco». Conclusiones que, te reconozco, me han sorprendido.
Es más, el metaestudio dice literalmente: «Los usuarios suelen elegir contenidos que coinciden con sus opiniones preexistentes», lo que contrapone la creencia general —también mía— de que la responsabilidad completa de estas cámaras de resonancia descansaba sobre Silicon Valley.
Claro que se junta el hambre con las ganas de comer, porque si los humanos tendemos a complacer ese sesgo de confirmación y las plataformas lo ponen fácil, llega el titular que nadie esperaba: «La polarización actual determina los patrones de uso de las redes sociales». Atrevido. Tengo mis dudas, pero merecía exponerlo aquí.
De cualquier forma, ¿cómo rompemos el patrón?
Come de ‘todo’ en tu dieta informativa
Dicen que para comer sano hay que comer «en colores», es decir, variado. Esto se puede aplicar a la dieta informativa que seguimos, remedio no milagroso para reducir el sesgo de confirmación. El metaestudio que vengo citando también lo señala: «Los usuarios con hábitos de consumo de medios más variados son menos propensos a quedar atrapados en burbujas de información».
Lo que me lleva al descubrimiento de Ground News, que va más allá del concepto de medio de comunicación para adentrarse en el de agregador de noticias… con análisis profundo de quién te ofrece qué información.
En Ground News te encuentras las noticias internacionales más destacadas, pero el sitio te ofrece un análisis de la cobertura desde medios de derecha, izquierda y centro; de esta forma, puedes acceder a diferentes perspectivas de un mismo hecho noticioso. Escoge tu aventura.
Mención destacada merece la sección Blindspot, que recoge aquellas noticias que tienen una cobertura desproporcionada desde un sector de los medios, pero prácticamente ninguna desde el otro. Como periodista, estas cosas me ponen.
Claro que, ahora que lo pienso, llevar este tipo de dieta informativa requiere ciertas ganas por parte del lector, cierta implicación y espíritu crítico para no caer en la complacencia, en el clásico: «joder, si esto lo vengo diciendo yo».
Porque sería tan fácil como abrir cinco o seis medios de diferente palo cada mañana y comprobar que lo blanco y lo negro adquiere matices, trazas de ideas contrapuestas.
Pero en la era de los shorts, ¿quién tiene tiempo para estar informado?