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Sobre Fake News y desinformación, con los amigos de TED Talk

Hace algunos días tuve la oportunidad de participar en un evento TED organizado en Granada. El corazón de la propuesta latía con fuerza: «¿Somos tan crédulos y tan vulnerables a la desinformación como pensamos, o en realidad somos crédulos sobre nuestra credulidad?» y tenía a todo un profesional para plantearnos la duda: Ramón Nogueras , psicólogo y divulgador cañero, de esos que no se callan ni una coma.

A mí me tocó poner sobre la mesa la parte periodística, esa manipulación, fake news y desinformación que crece como un cáncer descontrolado por el ecosistema digital, con el peligro de pasar de nuestro bolsillo a nuestras cabezas. Reconozco que era bastante escéptico a la tesis de Ramón, esa que nos da más crédito a la hora resistir ‘mierdas’, como él mismo diría. No somos tan crédulos… dice Ramón, pero desde luego, hay poderosas fuerzas en juego para que piquemos en falacias de todo tipo.

Hace algunos meses te hubiera dicho que vivimos en una Cámara de Resonancia, en un ecosistema de redes sociales y medios de comunicación que retroalimentan nuestras ideas preconcebidas sobre el mundo. Pero no es así. O no del todo, como exponía en este artículo sobre el tema, en el que llegaba a la interesante idea de que nosotros creamos esas Cámaras de Resonancia, y no al revés. Lo que hoy me interesa investigar es, precisamente, la precaución con la que el público percibe las noticias, la manera en al que se informa y hacia dónde vamos.

Al menos, somos conscientes del problema

El instituto Reuters, dependiente de la Universidad de Oxford, ha lanzado una nueva edición de su estudio Digital News Report, en el que investiga la percepción de la ciudadanía hacia las noticias, cómo nos informamos y un largo etcétera; los resultados son interesantes porque vienen a mostrar que, efectivamente, no estamos tan indefensos ante los bulos: somos conscientes de que están ahí, dado que el 74% de los encuestados se preocupa por diferenciar los bulos de la verdad. No nos tragamos cualquier cosa.

Tal vez, por ese recelo, los españoles han reducido fuertemente en los últimos años su interés hacia las noticias, como muestran los datos, con una reducción de hasta 31 puntos con respecto a 2015. Es una tendencia global, no local, y nos debería plantear numerosas alertas.

También hay cambios en el tipo de consumo. No llama a sorpresa que los medios impresos se hayan desplomado en en los últimos años, pero sí confieso que me ha resultado llamativo que, a pesar de bajar, la televisión se mantiene en un muy digno segundo puesto como el punto de información de los encuestados.

Por supuesto, las redes sociales han crecido en presencia y son ya, para muchos, la principal fuente de información. Esto supone retos importantes, porque a diferencia de otro tipo de canales, en las redes conviven los expertos, periodistas y demás profesionales, con charlatanes de todo tipo. Cuidado con la dieta informativa.

¿Cabe preguntarse en qué confía la ciudadanía ahora que su interés en las noticias se hunde? Si tan solo un 33% de los encuestados se fía de lo que ve o lee, ¿cómo se manejan a la hora de informarse para tomar decisiones?

Como novedad en esta edición, el informe cuantifica el uso de la IA para informarse y España se sitúa entre los primeros puestos, con un 8% de los encuestados que afirma que usa herramientas generativas para estar al tanto de lo que sucede. Menudo melón este. Ya lo comentaremos otro día.

El problema de fondo

El verdadero problema no es la desconfianza, no es el menor uso de medio de comunicación, es que se empieza a implementar un discurso: «todo es mentira», en el que se sitúa en el mismo nivel al cuñado de TikTok que al experto en uno de los llamados ‘medios tradicionales’. Eso es lo que me preocupa, que nos tal vez nos asomamos a una era en la que los datos, la ciencia y la evidencia empírica ceden ante la opinión del primero que pasa, porque todos tenemos derecho a esa opinión. Pero no todas las opiniones tienen el mismo derecho.

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