Mi pronóstico sobre la IA… hace tres años

Que igual nos te has enterado, pero el recelo que siempre han suscitado las herramientas de IA generativa – tu ChatGPT de confianza- ha evolucionado en las últimas semanas en algo diferente: una creciente sensación de tensión ante el abismo que se abre con los modelos más nuevos. Modelos que parecen un adolescente a punto de irse de casa. El problema es que es un adolescente que cuenta con demasiados recursos y algunos ya dicen que podría suponer «nuestro fin». No es una narrativa nueva, pero sí llama la atención por quiénes ahora la esgrimen: desde investigadores de las grandes tecnológicas hasta los propios CEO, empezando por Dario Amodei.

Así que me ha parecido el momento perfecto para rescatar los titulares que dejé, hace ya tres años, en el periódico IDEAL, con motivo del lanzamiento de mi novela ‘Cuando la singularidad nos alcance’. Veamos qué tal han envejecido.

No tengo una bola de cristal, tengo años de investigación

¿Cómo pudo Julio Verne anticiparse, en sus novelas, al viaje a la Luna o a la invención del submarino? Su particular bola de cristal consistía en horas y horas dentro de la biblioteca leyendo los últimos avances científicos y artículos llegados de todo el mundo. Es decir, investigando. Hoy tenemos acceso a una biblioteca mundial que le hubiera parecido ciencia-ficción al propio Verne y eso es lo que he venido aprovechando para investigar y crear mis propias novelas, como la que te mencionaba: ‘Cuando la singularidad nos alcance’.

Aunque la concebí y redacté allá por el lejano 2017, no fue hasta el 2023 cuando tuve la oportunidad de publicarla. Eran los meses en los que todavía ‘flipábamos’ con lo que podía hacer la IA – sin preguntarnos hacia dónde nos llevaba. En ese contexto tuvo lugar la entrevista que concedí al diario IDEAL, con ideas como las que te comparto.

Estamos creando una inteligencia que nos va a superar en todo. Si no sabemos para qué la creamos, tendremos un problema gordo

Sonaba completamente descabellado hablar de una IA que lo hiciera todo mejor que nosotros, pero poco a poco vemos cómo conquista territorio que antes estaba reservado solo al intelecto humano. La última noticia: OpenAI afirma haber resuelto uno de los Problemas del Milenio con su IA. No es todo lo bonito que lo presentan, entre otras cosas, porque hay humanos de por medio en el proceso. Pero es un avance inmenso.

Lo curioso es que sí sabemos para qué la estamos creando: poder. En 2026 ya tenemos claro que el desarrollo de la IA cada vez se parece más a un juego de suma cero. El ganador se lo lleva todo y eso, en un contexto geopolítico, da vértigo. De ahí la carrera entre EEEUU, UE y China.

Hay una clave que envuelve a la novela: la sensación de exponencialidad. Cada semana ocurren cosas nuevas muy locas

Esto es hoy mucho más evidente que hace tres años. Lo que sientes: que resulta casi imposible estar al día de modelos, funcionalidades y novedades, es porque nos encontramos al inicio de una curva de crecimiento tecnológico que tiende a infinito. Eso se llama Singularidad Tecnológica.

Creo que esta es la primera vez en la historia en que la tecnología no va a crear suficientes puestos de trabajo para reemplazar a los que se destruyen

Es una de mis reflexiones más provocativas. Porque a todos nos gusta hablar de las sucesivas revoluciones industriales y de cómo la tasa de reemplazo de trabajos fue positiva; esta vez es diferente – algo que se ha venido diciendo también con anterioridad – porque ahora no estamos creando una tecnología, estamos creando una inteligencia.

Estoy seguro de que las generaciones futuras pensarán que éramos medievales: «de verdad ibais de 8 a 5 a un sitio a trabajar?» La concepción del trabajo cambiará radicalmente

Esto es algo que llevo pensando desde que tenía 16 años, cuando me di cuenta de que en un siglo no habíamos cambiado lo esencial de la jornada laboral, del propio concepto del trabajo. Hoy, con herramientas que nos permiten ser infinitamente más productivos, trabajar en remoto y delegar tareas en la IA, ¿de verdad tenemos que seguir fichando como en la fábrica?

Creo que habrá cosas que no querremos digitalizar. Hay una corriente que trata de recuperar lo físico

Vinilos, libros físicos, videojuegos en formato físico, conciertos, experiencias presenciales… lo tangible ha vuelto con más fuerza que nunca, especialmente tras la pandemia. Lo vemos en las cifras record de venta de vinilos, en cómo las librerías y el sector editorial goza de una excelente salud y no deja de crecer o, sin ir más lejos, en la reciente campaña en contra de que SONY Playstation termine con el formato físico de sus videojuegos.

Me da mucho respeto porque las cosas pueden salir bien o tremendamente mal

Ya me fastidia tener que recurrir a un dicotomía tan marcada: utopía o distopía, pero es que el potencial de esta tecnología-inteligencia es tan elevado que marcará un antes y un después en la civilización y me cuesta ver que nuestro propio día a día no cambie profundamente en, digamos, una década. Podemos hablar del problema del alineamiento o, por qué no, del problema del papeclip. De cualquier forma, en tres años, este respeto no ha hecho sino aumentar.

Sea como sea, no podemos parar lo que viene

Esta sensación de inevitabilidad, que bien podría ser una bonita campaña de marketing de las big tech, es una de las ideas centrales de Ray Kurzweil en su ‘The singularity is near’, un ensayo en el que se explica cómo la IA, según todo lo que sabemos de la evolución del universo, es el siguiente paso lógico en el ordenamiento de la información, un imperativo cósmico como la propia evolución biológica. O no, estamos equivocados y esto responde a un imperativo… de los accionistas.

Quiero pensar que la inteligencia artificial nos salvará de nosotros mismos

Qué te digo, aquí me sale la vena romántica de escritor pero tengo una base racional de fondo: una IA lo suficientemente avanzada en las manos adecuadas puede: resolver la emergencia climática que cada año irá a peor; darnos la fusión fría y, por tanto, energía ilimitada; investigar curas para todo tipo de enfermedades. No haría falta mucho más. Si tuviéramos estos tres problemas resueltos, ¿de verdad seguirían teniendo sentido los conflictos internacionales? Bueno sí… pero nos inventaríamos otras excusas.

Creo que hace tres años no estaba demasiado desencaminado, pero el verdadero cambio viene ahora, que nos asomamos al precipicio de posibilidades. Espero poder volver en tres años a revisar este artículo.

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