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Quítate, que ya pienso yo por ti

Las universidades chinas eliminan 12 000 titulaciones «obsoletas» en su carrera por adaptarse a la era de la inteligencia artificial. Este titular me dejó dándole vueltas a la cabeza la semana pasada. Por supuesto, nunca adivinarás qué estudios son los que pierden empuje frente a la IA… efectivamente: las artes, las humanidades y lenguas extranjeras ceden en el ecosistema universitario chino. No es un pequeño ajuste, es una transformación sistémica de hacia dónde deben dirigirse en los próximos años la fuerza laboral china, porque si se han eliminado 12.000 títulos – el 30% del total-, se han creado unos 10.200, la inmensa mayoría centrados en tecnologías emergentes como inteligencia artificial, robótica, semiconductores, inteligencia incorporada (embodied intelligence), circuitos integrados y nuevas energías.

Mi primera reflexión tras leer el titular me llevó a pensar que hay países que nos demuestran, una vez más, que tienen una estrategia, un plan a corto, medio y largo plazo. China se encuentra entre ellos y si ya venía liderando en tecnologías clave para el futuro de la humanidad, con este movimiento cierra su apuesta para no depender de desarrollos externos en el futuro inmediato.

Por supuesto, China no es la única que ha entendido el juego. Corea del Sur lleva décadas apostándolo todo a la tecnología y ahora su Ministerio de Educación ha anunciado casi 1.000 millones de inversión para IA en Educación. . Emiratos Árabes Unidos hace lo propio, introduciendo la IA en la educación infantil e incluso India está legislando para que su ecosistema educativo se oriente a las necesidades del mercado laboral que, por supuesto, pasa por la IA.

Mi segunda reflexión no llegó inmediatamente. Maduró con los días, con el ejercicio de la crítica que me enseñaron a ejercer mis profesores de Humanidades, desde la literatura hasta la filosofía. ¿De verdad queremos deshacernos de todo lo que no nos haga producir más tornillos a la hora? ¿En qué posición deja la erradicación de las Humanidades al conjunto de la sociedad?

Está claro – o por lo menos yo lo tengo- que los sistemas educativos no pueden vivir de espaldas a la realidad laboral de sus países; como también está claro que la educación debería ir más allá de formar trabajadores cualificados. Debería formar personas. Personas con esas aristas de conocimiento que no tiene un retorno inmediato, que no luce en Linkedin. Ya sabes: eso del pensamiento crítico, de las habilidades comunicativas, de ir más allá del dato puro; se trata de entender el contexto, de aflorar lo que nos hace humanos. Se trata de saber pensar. Me pongo ñoño porque no creo en una sociedad de autómatas. Te miro a ti, Adous Huxley y tu ‘Un mundo feliz’.

No es capricho, se llama sinergia: algunos de los mejores genios de la Historia eran mujeres y hombres con un campo de conocimiento que no se quedaba en una única rama del saber. Fíjate que buscando ejemplos para este artículo he redescubierto a Ada Lovelace, la hija de Lord Byron y primera programadora de la historia. La suya es una de esas historias que hacen que tu vida parezca aburrida y, para mí, el ejemplo perfecto de cómo las sinergias de los diferentes campos del saber humano generan personajes que nos hacen avanzar.

Porque la Inteligencia Artificial generativa no sabe de contexto – del de verdad-, no sabe de segundas lecturas, juicio crítico o sentido común. Es una máquina estocástica que reconoce patrones y los desarrolla. Tan poderoso y tan limitado como eso.

No, no creo que debamos renunciar a las Humanidades, por mucho que las presiones económicas nos empujen a buscar la salida fácil. La necesaria modernización de la educación en la sociedades contemporáneas no puede pasar por un borrón y cuenta nueva que elimine milenios de conocimiento, de ese que no se monetiza de forma tan evidente.

El ejemplo perfecto lo tenemos en nuestro uso cotidiano de IA. En esa lectura crítica que hacemos de sus respuestas, en ese prompt que formulamos y reformulamos porque sabemos qué queremos decir. Es una de las habilidades que se desprenden del estudio de las Humanidades: saber qué pedir y cómo pedirlo, saber reflexionar y ejercer juicios críticos sobre los resultados, cuestionarse y avanzar. Eso no te lo da la IA y la carrera de semiconductores.

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