¿Tiene la IA secreto de confesión?

Hay algo adictivo en el uso de las IA conversacionales. No es casual que sintamos cierta ‘confianza’ cuando hablamos con ellas y les trasladamos problemas, dudas, o pájaras mentales de todo tipo. No… no es casual que estemos dispuestos a compartir hasta los pensamientos más profundos que no le contaríamos ni a nuestra pareja. No lo digo yo, lo dice la revista Nature en una investigación en la que encontramos testimonios como este: «En comparación con amigos o terapeutas, me parece que es más seguro»». No sé, Rick.

Hay muchas explicaciones, pero una de las más citadas es que los ChatGPT de turno están programados para ser asertivos , para no decir nunca: «mira, Maricarmen, esto es una tontería, déjalo guapa.» Pero hay algo más… es la posibilidad de tener, 24/7 y por muy poco dinero, una cohorte de profesionales a tu servicio: psicólogo, coach motivacional, médico, entrenador personal… que encima te suelen decir lo que quieres escuchar. En definitiva… ¿El confidente perfecto, no?

¿A dónde van las confesiones que le haces a tu IA?

En la película HER (2013), un Joaquin Phoneix con cara de corderito nos ayuda a asomarnos a un posible futuro, el de las IA agénticas hiper personalizadas con toda nuestra información posible. Porque hoy tenemos toda una serie de herramientas muy buenas en cosas específicas -esa IA débil-, pero ninguna holística, que verdaderamente nos pueda servir como ‘compañera de vida’, como sí vemos en la película. Esas IA serán tan buenas como la data personal que les demos. Y ya hemos comprobado que estamos más que dispuestos a suministrarla pero, ¿qué sucede a continuación? ¿Dónde van tus datos?

El debate es hoy más importante que nunca y me lo planteo a raíz de la llegada de Gemini Spark y un interesantísimo artículo de The Verge: «Gemini Spark is the most impressive and terrifying AI experience I’ve had yet»). Sí, quédate con lo de terrifying.

Gemini Spark es «tu agente personal de IA para productividad», una nueva IA generativa que integra todo lo que Google sabe de ti para ofrecerte las respuestas más personalizadas posibles. Según el autor de The Verge, «esta es una de las experiencias con IA más impresionantes que he vivido jamás. La destreza de la IA de Google, combinada con la enorme cantidad de datos que tiene sobre mí a través de la función ‘inteligencia personal’ de Google, generó un itinerario personalizado y útil que se adaptaba perfectamente a mis necesidades y a las de mi familia», explica, en referencia al clásico: hazme un itinerario para visitar Teruel.

Sin embargo, el autor continúa: «no puedo quitarme de encima la sensación profundamente inquietante que me produce todo esto. Lo que hizo Spark parece algo mágico, y muy invasivo. Es extraño que Spark me diga con tanta naturalidad los nombres y las edades de mis hijos, recordándome que sabe dónde vivo, y encontrando información que sé a ciencia cierta que nunca he proporcionado voluntariamente a Google». Da para reflexionar.

Porque no nos engañemos, todos sabemos qué puede pasar con estos datos y cómo se pueden monetizar. Que se lo pregunten a LG y sus televisiones ‘inteligentes’, que llevarán un software de marketing que ayudará a mostrarte publicidad en base a tus emociones. . Si mi Orwell levantara la cabeza.

La pregunta es obligatoria: ¿qué cuotas de privacidad estamos dispuestos a regalar para disfrutar del uso de la IA? Esto en el ámbito privado pero, ¿qué sucede en el corporativo?

Estamos en los inicios del uso generalizado de la Inteligencia Artificial, apenas aprendiendo cómo funciona, como niños pequeños que no temen meter los dedos en el enchufe. A ver por dónde comienzan a venir los primeros chispazos.

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